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Calle Hortaleza, 46 1ºB 28004 Madrid

Centro de Fisioterapia en Madrid

Centro de fisioterapia Madrid

En la calle Hortaleza Nº 46 1ºB, en pleno centro de Madrid, una ciudad que vive a un ritmo acelerado.

Porque vivimos en un mundo que incita a las prisas. Hay que hacer todo deprisa y corriendo para sentirnos parte de la sociedad. Las empresas quieren que sus trabajadores hagan todo ya. Y la publicidad influye bastante en este sentido.

Pero hacer todo con prisas nos lleva a cometer abundantes errores, además de ser un hábito poco saludable. Cuando ordenamos a nuestro cerebro hacer todo apresurado y a la vez, provocamos un gran estrés y hacemos reducir considerablemente nuestro nivel de atención y capacidad de reacción. Así, es más complicado ser eficiente y más fácil sufrir un infarto u otra patología.

Es difícil tener el tiempo y la energía suficiente para hacer todo lo que se quiere. Es mejor dejar las cosas estar, relajarse y volver a concentrarse.

Tenemos el ejemplo del deporte. Los periodos de descanso son casi tan importantes como el propio entrenamiento. Es cuando tiene lugar la recuperación, la adaptación y el crecimiento muscular. Hay que parar para volver con más energía.

De la misma manera, en nuestra vida debemos parar y reflexionar para volver con más fuerzas. Y seguramente, cuando menos estás dispuesto a ralentizar tu ritmo de vida es cuando más lo necesitas.

Vivir en Madrid ciudad: Motivo de estrés

Fisioterapia en Madrid

Para muchas personas vivir en grandes ciudades, como Madrid, es motivo de estrés. Éste se podría definir como el estado del cuerpo que intenta compensar el daño que pueden provocarle determinados elementos agresores de muy diversa naturaleza. Son situaciones realmente estresantes e incómodas como el constante ruido ambiental, del tráfico, el bullicio, los comercios, los largos desplazamientos al lugar de trabajo, la cantidad de personas que viajan a nuestro lado en el transporte público…

¿Cómo respondemos ante estos estímulos?

No todos reaccionamos de igual manera ante esta situación. Todo depende de factores tan distintos como los valores que le fueron inculcados a cada persona, su manera de relacionarse y su capacidad de adaptación.

Hay personas que se adaptan bien a estas circunstancias y no se irritan. Pero en otros casos, la exposición constante a un factor estresante puede provocar daños físicos.

Por ejemplo, hay individuos que sufren la disminución de la capacidad auditiva al estar bajo la influencia de ruidos intensos, o ven afectado su sistema respiratorio debido a la contaminación atmosférica.

Varios de estos factores forman parte de nuestro día a día en la capital, pero cada persona responderá con estrés o no a ellos, dependiendo de las circunstancias y de la valoración que la persona le asigne.

El estrés es un mecanismo natural del organismo humano para reaccionar ante situaciones potencialmente peligrosas. Algunos de los factores que lo provocan son los problemas económicos o familiares, el fracaso laboral o una mala relación personal con nuestro entorno.

A estos se añade que vivir en un gran núcleo urbano nos expone a estímulos que provocan esta reacción y generalmente nos damos cuenta de este efecto cuando ya no estamos en condiciones de soportarlo.

Para sobrellevar esta circunstancia, se recomienda realizar actividades placenteras, actividades de relajación, así como tener un descanso de calidad. Con estos actos, tu estancia en las grandes ciudades, como es el caso de la capital, será más relajada.

El efecto del estrés: enfermedades derivadas

Los agentes que van a delimitar una vivencia diferente del estrés son múltiples. La edad, el sexo, la raza, el trabajo, la personalidad o factores educacionales y familiares van a establecer la base de una realidad distinta y una respuesta cambiante ante el estrés. Los recursos de que dispone cada individuo para lidiar esta situación son muy diferentes de unos a otros y se despliegan según la capacidad de la propia persona para defenderse de las agresiones. Esto supone que un factor estresante para una persona puede no serlo para otra y que existan seres con una tendencia excesiva al estrés, aunque no tengan motivos relevantes para ello.

Algunos estudios han encontrado diferencias significativas al tener en cuenta variables como la raza, el puesto de trabajo, la situación socio-económica o la personalidad. Aunque no son relevantes según el sexo de los valorados.

Cantidad de expertos determinan que no tiene por qué ser el estrés un fenómeno negativo y que un cierto nivel del mismo en el humano puede favorecer una respuesta más ágil y rápida ante los problemas que se le puedan plantear. No obstante, la rapidez y la agilidad no tienen por qué implicar eficacia; muchos otros expertos aseguran que la ansiedad crónica puede perjudicar la salud a medio y largo plazo y que también en un medio confortable y libre de estrés se puede conseguir un alto nivel de rendimiento personal o laboral.

Sin embargo, lo que nos puede pasar factura es lo que se denomina sobre-estrés, que lleva a la persona a un cuadro de intensa ansiedad y que puede derivar en diversas patologías:

  • Enfermedades cardiovasculares: los accidentes cerebrovasculares y la subida de la presión arterial, que en muchos casos pueden ocasionar la muerte.
  • Enfermedades inflamatorias y de la piel: artritis reumatoide, psoriasis, enfermedad de Crohn, colitis ulcerosa, eczemas... Y a estas afecciones hay que sumarle la debilidad del sistema inmune, lo que hace que estemos expuestos a sufrir más enfermedades.
  • Colon irritable y afecciones digestivas: dolores estomacales, náuseas y hasta estreñimiento crónico.
  • Depresión y ansiedad: trastornos que pueden ser graves y requerir de atención psicológica, y en algunos casos hasta de medicación.
  • Insomnio y trastornos del sueño: impedimento para descansar bien por la noche y tener un sueño reparador.
  • Rigidez y dolor de cabeza: síntomas que pueden empeorar si sufrimos de estrés crónico. La rigidez del cuerpo trae problemas en las articulaciones y los huesos a largo plazo. Y a corto plazo, problemas musculares, como sobrecargas, contracturas...

El estrés: influencia del medio

Fisioterapia Madrid

Los factores desencadenantes de estrés pueden derivarse de los distintos medios en los que desarrollamos nuestra vida, que son básicamente tres, el familiar, el medio exterior y el laboral.

Medio familiar

El medio familiar, sobre todo para el cabeza de familia, puede ocasionar un estrés importante. No es fácil afrontar las exigencias del hogar y los problemas de los diferentes miembros de la familia. Siendo la suficiencia o mecanismos para afrontarlos, en muchas ocasiones, limitados.

Medio exterior

El medio exterior es asimismo una importante fuente generadora de estrés, sobre todo el medio urbano.

La urbe madrileña, origen de estrés.

El núcleo urbano está cargado de agentes estresantes. Son muchos los factores que podemos sufrir al vivir en la ciudad:

Contaminación

La contaminación atmosférica de la capital de España, pero sobre todo la acústica, influyen de manera adversa en nuestra vida.

Estilo de vida urbano

El modus vivendi en la ciudad es más agobiante. Las distancias son mayores, los medios de transporte, aún más en horas punta, van muy masificados. Los desplazamientos en vehículo generan mucha ansiedad en los continuos atascos, la conducción temeraria de muchos conductores e imprudencia de algunos peatones.

Este tiempo de más que se pierde en el transporte hay que reducirlo del tiempo que tenemos para el ocio, para las relaciones personales, o llevar una correcta alimentación y hacer ejercicio.

Inseguridad ciudadana

A pesar de considerar a Madrid como una ciudad segura, el hecho del aumento de la delincuencia, como los robos y de conflictos más preocupantes como los acontecidos en la ciudad hace años, hacen que el nivel de alerta del ciudadano aumente.

Medio laboral

El ambiente laboral como el que tenemos en Madrid, es en la mayoría de las ocasiones complicado, sobre todo, conseguir un equilibrio entre la vida personal y la exigencia, en muchas ocasiones, excesiva que te demanda la empresa.

Este exceso de implicación nos hace más vulnerables, siendo más propensos a tener un problema de salud o accidente de trabajo.

Dependiendo de nuestro puesto laboral podemos estar expuestos a desarrollar determinadas patologías o sufrir ciertos accidentes.

En la oficina

Los accidentes de trabajo y problemas de salud más frecuentes son:

  1. Caídas al mismo nivel: uno de cada cuatro accidentes en la oficina se producen por este motivo, debido a los tropiezos, resbalones, etc. Por ello la importancia del orden y la limpieza.
  2. Caídas de una altura: las escaleras.
  3. Golpes con estanterías o armarios: asegurar que los muebles estén estables y a la altura idónea.
  4. Golpes con las puertas: siendo las más peligrosas las de vaivén y las de cristal. Primordial que no haya obstáculos delante de la puerta de emergencia.
  5. Contactos eléctricos: no tocar nunca los aparatos eléctricos con las manos húmedas y no tirar nunca del cable para desconectarlos.
  6. Cortes y pinchazos: con materiales cortantes y punzantes que abundan en las oficinas. Hay que tener precaución en su colocación y guardarlos en sus fundas protectoras.
  7. Sobreesfuerzos: aunque no es lo más habitual, pero hay veces que también el personal tiene que levantar objetos pesados y, al no tener ningún tipo de protección, pueden generar lesiones de espalda.
  8. Fatiga mental: El cansancio mental puede llegar a producir ansiedad o estrés.
  9. Fatiga postural: trabajar sentado en una silla frente al ordenador durante todo el día puede provocar cansancio y problemas músculo-esqueléticos. Además, si la silla no es la adecuada, el cuello, brazos y espalda pueden resentirse. También la fatiga visual, al estar tanto tiempo frente a la pantalla, es algo a tener en cuenta.

En otros sectores

Los accidentes laborales en sectores como la construcción, la industria o el transporte, pueden provocar diversas patologías:

  1. En Espalda: lumbalgias, ciática, hernia discal, provocadas por posturas inadecuadas y esfuerzos violentos.
  2. Cuello: dolor y rigidez. Por mantener la cabeza en misma postura mucho tiempo, movimientos repetitivos de cabeza y brazos, posturas forzadas de la cabeza, aplicar fuerza con brazos o manos.
  3. Brazos: tendinitis, bursitis. Inflamación del tendón o de las bursas por sobreesfuerzos.
  4. Hombros: dolor y rigidez. Derivadas de posturas forzadas de brazos, movimientos repetitivos de las extremidades superiores, brazos en misma posición mucho tiempo, aplicar fuerza con manos y brazos.
  5. Codos: dolor. Por movimientos repetitivos.
  6. Muñecas, manos: adormecimiento, hormigueo. Por movimientos repetitivos de manos y dedos, posturas forzadas de muñecas.

Lesiones más frecuentes atendidas en atención primaria en Madrid

Un relevante estudio realizado en los Centros de atención primaria de la Comunidad de Madrid pone de manifiesto que las lesiones más frecuentes son las contusiones y las heridas.

Las contusiones sobre todo en las personas de la tercera edad y en los niños de 5 años, y que afectan principalmente medida a las mujeres, probable como consecuencia de caídas y golpes.

Las heridas se dan con mayor frecuencia en menores de 5 años, especialmente niños. Este grupo de edad también tiene mayor riesgo de lesionarse por cuerpos extraños y de intoxicarse, independientemente del sexo.

Las intoxicaciones atendidas pertenecen con mayor frecuencia a menores de 7 años.

Los ancianos también son particularmente susceptibles a padecer intoxicaciones por tomar una dosis extra por error, confundir los fármacos o la vía de administración de los mismos.

Las quemaduras en la edad infantil destacan por su frecuencia en los niños.

Los esguinces y luxaciones presentan una tendencia decreciente a partir de los 15 años, mayor en los hombres, y las fracturas a la inversa y más marcada en las mujeres.

Las fracturas, las luxaciones y los esguinces en los varones jóvenes se vinculan al deporte.

Las numerosas fracturas en mujeres de avanzada edad pueden atribuirse a la osteoporosis y al aumento de caídas.

En los mayores una de cada diez caídas produce una fractura, lo que es particularmente importante porque constituye una causa relevante de fallecimientos en los ancianos. Se han reconocido varios factores de riesgo: debilidad muscular, déficit de equilibrio, dificultades al caminar, uso de dispositivos de asistencia, disminución de agudeza visual, artritis, deterioro cognitivo, depresión…

Tratamientos de Fisioterapia

Tratamiento de Patologías Traumatológicas, Reumatológicas y degenerativas:

Fracturas

Las causas que pueden llegar a romper los huesos son diversas: caídas, accidentes laborales o de tráfico, durante la ejecución de actividades deportivas.
Pueden ser fracturas simples o complicadas. 
Entre 6-12 semanas de inmovilización con yeso, las fracturas simples se suelen recuperar. En aquellas que son más complejas la intervención quirúrgica es ineludible.

En el caso de fractura, no sólo se lesiona el hueso sino, además, los tejidos blandos como músculos, tendones y ligamentos se ven involucrados. 
Debido al tiempo necesario de inmovilización para la consolidación del hueso, siendo también imprescindible no cargar peso en la zona fracturada, se fomenta una rigidez articular y pérdida del arco de movimiento, así como una atrofia de la musculatura.

Crear un programa de Fisioterapia adecuado es indispensable para coseguir que el paciente recupere  sus capacidades funcionales óptimas y pueda hacer una vida normal.

Dependiendo  del tipo y localización de la fractura se puede comenzar con la rehabilitación antes o después. Siempre debe consultarse con su médico de referencia, para iniciarla en el momento oportuno  y evitar las posibles complicaciones. 
La Fisioterapia irá dirigida a controlar el dolor y la inflamación y prevenir las complicaciones derivadas del período de inmovilización. El tratamiento ayudará a prevenir el desacondicionamiento físico y la rigidez articular, y mejorará la tonificación muscular.

Si las extremidades inferiores se ven afectadas, el trabajo de reeducación de la marcha juega un papel muy relevante del programa de rehabilitación.
Teniendo en cuenta el lugar de la fractura y su gravedad, serán necesarias revisiones del especialista médico, durante el proceso de consolidación ósea, así como en la fase posterior de restablecimiento y reanudación de su actividad cotidiana.

Luxaciones

En este tipo de lesión los huesos de la articulación sufren una separación de su postura habitual. Para dislocar los huesos de una articulación grande por lo general necesita una fuerza considerable (aunque hay excepciones a esto).

Las dislocaciones son normalmente ocasionadas por un trauma que ejerce fuerza en la articulación, como caídas, choques en deportes de contacto o accidentes automovilísticos, entre otros.

Es necesaria una fuerza menor para luxar las articulaciones más pequeñas que para las mayores, en las que tiene que tiene que influir una energía considerable. Las articulaciones que ya se hayan dislocado tienen más posibilidad de volverse a ver afectadas que las que no lo han padecido con anterioridad, puesto que los tejidos adyacentes que estabilizan la articulación pueden haber sido elongados.

Hay individuos que son más propensas que otros a sufrir una luxación.

La gran parte de las articulaciones del organismo pueden padecerla, aunque las de hombro en los adultos y las de codo en los niños son los más habituales.

Las articulaciones posibilitan que los huesos se muevan unos contra otros capacitándonos a  movilizar nuestro sistema esquelético. Determinadas articulaciones, como es el caso del hombro, son singularmente móviles. Por el contrario, la amplitud de movimiento de otras como el tobillo o la punta de los dedos es menor y en una dirección como en estas últimas. Es más difícil que lleguen a dislocarse estas más estables, ya que poseen estructuras más firmes que las mantienen en su sitio. El riesgo de luxación aumenta en aquellas que tienen más movilidad.

Aunque son muchas las cosas que influyen en la predisposición a lesionarse. Por ejemplo, si se compara dos articulaciones de bastante movilidad y conjunción similar, como el hombro y la cadera, se encuentra una mayor facilidad de sufrir esta patología en la primera que en la segunda. El encaje del hombro es menos profundo, lo que aún  hace que sea más móvil. Son primordiales en su estabilidad los músculos, ligamentos y tendones. Y estos pueden dañarse con facilidad si se suministra bastante fuerza. Los tejidos circundantes del hombro al ser más elásticos, también son más vulnerables, si los comparamos con los de la cadera.

La articulación de la cadera es más complicada de luxar por su engranaje que es más profundo, y la musculatura y los ligamentos más grandes y más fuertes. Y aunque la movilidad de las caderas en menor a la de los hombros, resultan, sin embargo, más estables.

En caso de sufrir una luxación necesita atención médica inmediata.

No debe tratar de colocar la articulación, por riesgo de atrapar vasos sanguíneos, nervios u otros tejidos entre los huesos.

Intente enfriar la zona lesionada y, si es posible, elevarla, con el objeto de disminuir la inflamación.

Será ya el profesional médico el que evalúe la situación de la articulación y las lesiones asociadas, y restablezca su posición normal sin dañar las estructuras. Puede necesitarse realizar rayos X para ver la disposición ósea y administrar un analgésico o anestésico antes de  manipular la articulación.

La maniobra de reducción requiere un control cuidadoso.  La persona que la realice debe saber perfectamente cómo tirar y girar la articulación.

Suele ser dolorosa, principalmente en articulaciones grandes como el hombro, por ello la necesidad en ocasiones de medicación.

Las radiografías ayudarán a descartar algún otro problema como una fractura.

Hay que gastar especial cuidado con estructuras  como los vasos sanguíneos y nervios. Una mala ejecución en la colocación de la articulación puede dañarlos, atrapándolos y probablemente cortando suministros de sangre o nervios. 
Posteriormente se llevará a cabo el tratamiento fisioterápico, que se centrará en reducir la inflamación postraumática, y luego recuperar la movilidad y potenciar la musculatura y conseguir restaurar la estabilidad articular.

Esguinces y Distensiones

Los esguinces y las distensiones son lesiones frecuentes  que afectan a los ligamentos y a los músculos. Los ligamentos protegen la articulación conectando los huesos entre sí y ofreciéndoles estabilidad.

Los síntomas de ambas patologías son la aparición de dolor, enrojecimiento, inflamación y pérdida de movilidad en la zona afecta.

El esguince se produce cuando uno o más de los ligamentos han sido estirados o desgarrados. Siendo los más usuales los de tobillo, la rodilla, la muñeca y el dedo pulgar.

La distensión ocurre cuando la fibra muscular se estira demasiado, pudiéndose llegar a desgarrarse y producirse ya una rotura. Normalmente se provocan cuando el músculo se extiende más allá de lo permitido o se ve forzoso a acortarse demasiado raudo.

La Fisioterapia en ambos problemas resulta ser muy eficiente. Suele consistir en:

  • Hielo.
  • Electroterapia analgésica y antiinflamatoria.
  • Masoterapia.
  • Ejercicios de fortalecimiento.
  • Regreso progresivo al ejercicio y a las actividades.

Son diversos los beneficios de la Fisioterapia en estas patologías, siendo su objetivo principal el retomar las actividades de la vida diaria o deportivas tan pronto como sea posible.

Fisana Madrid

Los beneficios de la Fisioterapia incluyen:

  • Alivio del dolor.
  • Mayor fuerza.
  • Aumento del rango de movimiento.
  • Prevención de la reaparición de lesiones.

Tendinitis y Tendinosis

La Tendinitis se diagnostica cuando la persona presenta un inicio agudo, reciente de los síntomas en el tendón tras sobrecargar la zona realizando algo inusual o realizando movimientos repetitivos de esa área del organismo. Ejemplos de ello  pueden ser la realización de nuevos deportes a lo que el cuerpo aún no se ha podido acostumbrar, o desempeñar una complicada tarea de bricolaje con herramientas de mano.

En la etapa inicial la diana está en menguar los síntomas y conservar la flexibilidad y funcionalidad. El Fisioterapeuta puede tratar esta patología con técnicas manuales y para  disminuir la irritación le aconsejará qué actividades que pueden agravar el problema debe esquivar. La aplicación de frío y la electroterapia  antiinflamatoria contribuyen en el correcto tratamiento, así como la realización de movilizaciones a fin de intentar reducir  cualquier pérdida de recorrido articular.

La Tendinosis se considera cuando los síntomas duran más de 3 meses, volviéndose crónicos. La Fisioterapia y un programa bien  estructurado de rehabilitación son fundamentales en esta fase. En ocasiones  a un plazo más largo podría ser necesaria la intervención de un podólogo o de un cirujano especialista en los trastornos del tobillo y el pie.

Artritis y Artrosis

La Artritis consiste en una inflamación de las estructuras que conforman la articulación, llegando o no a producirse una deformación en algunas de ellas. En la Artrosis ya se encuentra una degeneración de las mismas. La amortiguación natural entre las articulaciones y el cartílago se desgastan. Como consecuencia, los huesos rozan unos contra otros. El frotamiento provoca  dolor, inflamación, reducción de la capacidad de movimiento, rigidez, y, en ocasiones, la creación de espolones óseos.

Los síntomas iniciales de estas patologías degenerativas son dolor recurrente y rigidez articular. Suelen aparecer a primera hora de la mañana o después de estar sentado durante mucho tiempo. Otros síntomas que se presentan son enrojecimiento o sensación de calor, inflamación e incapacidad para mover la articulación. El daño es mayor a medida que la enfermedad avanza. La afectación puede tener distintos grados. Aunque los cambios articulares sean permanentes, los pacientes pueden no sufrir dolor o sentirlo leve u ocasional marcados en episodios de mayor uso de la articulación. En otros, los síntomas pueden llegar a ser incapacitantes y necesitar cirugía cuando articulaciones grandes del cuerpo, como la cadera o la rodilla, están afectadas. Las zonas damnificadas más frecuentemente son las rodillas, las caderas, las manos, el cuello y la espalda.

Aunque sea una opción, antes de considerar la cirugía, hay algunas pautas que pueden contribuir  a reducir el dolor y el impacto en la articulación.

1. Control de peso

Cuanto más peso tengan que soportar las articulaciones, más contraproducente será para las mismas. Existe una relación clara entre la osteoartritis y la obesidad. E incluso, aunque no haya una repercusión artrítica, el dolor será mayor cuanto mayor sea el peso.

2. Ejercicio

La realización de ejercicio físico no sólo contribuye a controlar el peso corporal,  sino a  fortalecer, lubricar  y estabilizar la articulación.

3. Sujeción

Puede ser aconsejable la utilización de alguna sujeción articular para aliviar el dolor y proporcionar estabilidad.

4. Estimulación eléctrica

La estimulación eléctrica, como puede ser el  TENS, favorece la reducción del dolor y el fortalecimiento muscular.

5. Infiltración

Una inyección intraarticular de fármacos, como los corticosteroides,  puede mitigar el dolor a corto plazo y es útil en los momentos de inflamación.

6. La Fisioterapia puede ayudará a:

  • Disminuir el dolor.
  • Mejorar el movimiento y la postura.
  • Fortalecer los músculos.
  • Restablecer la independencia funcional.

La pérdida de movilidad ocasionada,  teniendo en cuenta la articulación que está afecta, sigue una pauta predecible. El fisioterapeuta será el encargado de desarrollar un plan individualizado que le ayude, en la medida de lo posible, a mermar los síntomas. En este plan se incluye la realización de ejercicios que pueden colaborar en la disminución de necesidad de analgésicos. Dicho plan busca:

  • Mantener o acrecentar la movilidad.
  • Recuperar el tono muscular y la flexibilidad.
  • Aumentar la resistencia y la estabilidad.
  • Mejorar la nutrición y la lubricación articular.
  • Beneficiar la circulación.
  • Corregir la mala postura.

Los ejercicios de movilización y los estiramientos contribuyen a que las articulaciones alcancen el mayor arco de movimiento posible. El estiramiento asiste en el mantenimiento o recuperación de la flexibilidad muscular y tendinosa de la articulación. Los períodos de descanso también juegan un papel relevante en la gestión de estas patologías degenerativas.

Otras medidas que se emplean en el tratamiento fisioterápico es la termoterapia, corrientes eléctricas con fines antiálgicos y antiinflamatorios y fortalecimiento muscular si fuese necesario. La hidroterapia, el ejercicio en el agua, es, además, beneficioso por la descarga de peso corporal que sufren las articulaciones y por el fortalecimiento muscular que proporciona el trabajo contra la resistencia que ejerce este medio.

Medidas que debe tener  en cuenta el paciente son: 

  • Respetar el dolor y no ignorarlo.
  • Evitar la utilización excesiva de las articulaciones y de las posturas y acciones incorrectas. 
  • Evitar, en la medida de lo posible, los movimientos bruscos.
  • Conservar un peso corporal adecuado.
  • Realizar el ejercicio adecuado.
  • Utilizar sujeciones o ayudas para deambular cuando sean necesarias.

Como regla general, si alguna actividad siente que le perjudica,  no la haga. El fisioterapeuta le puede orientar sobre la manera de  controlar sus actividades de la vida diaria. Muchas veces cambios tan sencillos como utilizar zapatos con suela de goma o usar una silla distinta para sentarse pueden contribuir a la consecución de un alivio de sus síntomas. 

Osteoporosis

Un relevante número de personas en todo el mundo se ve afectada por la osteoporosis. Sin embargo, muchas de ellas desconocen que tienen una baja densidad ósea y, por consiguiente, no toman las medidas oportunas.

Es una patología común que, preeminentemente,  afecta al envejecimiento de la población y su complicación más seria es sufrir una fractura osteoporótica. Este tipo de fractura crece a medida que se envejece, siendo las más frecuentes la de la muñeca, la cadera, el húmero y las vértebras. El mecanismo que la desencadena puede ser una caída o un pequeño trauma, pero en muchos casos no tiene que ocasionarla ninguno de ellos. Algunas fracturas de vértebras es posible que se ocasionen por movimientos simples como flexión del tronco o levantamiento. 
En esta enfermedad se ve afectada la calidad del tejido óseo. Caracterizándose por una reducción de la masa ósea, una mayor fragilidad y, en conclusión, un incremento del riesgo de fractura.

El riesgo de padecer osteoporosis se ve influenciado por los siguientes factores:

  • Edad.
  • Genética (Antecedentes familiares de fractura).
  • Balance hormonal (Menopausia…).
  • Dieta (Déficit de vitamina D o calcio, anorexia, consumo de alcohol…).
  • Medicación (diuréticos, corticosteroides…).
  • Secundaria a otras enfermedades (Tiroides, enfermedades intestinales…).
  • Estilo de vida (Fumar, vida sedentaria…).

El tejido óseo responde a la carga, estrés mecánico y estímulo, regenerando la remodelación y nueva formación de hueso. Dicho estímulo mecánico puede realizarse mediante un plan de ejercicios específicos que promulgan beneficiosos resultados sobre la densidad ósea.

Es importante que consulte siempre con Su médico creará un tratamiento específico en el que  debe tener especial importancia la prevención en busca de minimizar el riesgo de pérdida ósea y se produzca la fractura. La vitamina D, el calcio y el tratamiento farmacológico serán beneficiosos.

La Fisioterapia y el ejercicio también ayudarán en este tipo de problemas. Los beneficios se encaminan a mejorar la calidad de vida y reducir el riesgo de caídas, disminuyendo así el peligro de fracturas.

Hay que conocer cuáles son los ejercicios que pueden ayudar y cuáles son los perjudiciales en pacientes con osteoporosis. Por ello, tener constancia de la postura correcta a la hora de realizar los ejercicios es básico, manteniendo la alineación corporal adecuada durante la ejecución de los mismos y las actividades de la vida diaria. Contar con un programa adecuado y asesoramiento postural, de acuerdo con las lesiones previas y otras condiciones médicas.

En resumen, son múltiples los factores que influyen en la osteoporosis y el tratamiento precisa de una terapia farmacológica combinada, una dieta adecuada  y actividad física para proporcionar los mejores resultados. Ser más apto, más fuerte, conseguir un mejor equilibrio y  reflejos le ayudará a prevenir las consecuencias de tener baja densidad ósea y mejorar su calidad de vida.

Tratamiento del dolor y estrés:

Contracturas musculares

Una contractura consiste en el engrosamiento y acortamiento del tejido blando, dando como resultado una articulación rígida con limitación de movilidad. Se pueden producir por malas posturas o posturas mantenidas durante mucho tiempo, después de una lesión articular, quemaduras, frío, estrés, inmovilizaciones prolongadas, daño a los nervios y algunos trastornos hereditarios. 

Muchas personas optan tratar sus contracturas musculares tomando antiinflamatorios, relajantes musculares y descanso. Por fortuna, al tener cada vez más información se pueden adoptar distintas alternativas. Para realizar un tratamiento efectivo de las contracturas de manera eficaz, es imprescindible reconocer los músculos que se ven involucrados.

La administración de determinados analgésicos para calmar o eliminar el dolor puede ser útil. Podrá moverse con normalidad si no existe dolor. De cualquier modo, si no resulta ser un dolor muy incapacitante, se puede obviar la ingesta de fármacos y recurrir a otras medidas.

En casos de contractura el reposo absoluto se desaconseja. Hay que mantener, en la medida de lo posible, las actividadades cotidianas disminuyendo la carga o adaptándola, siempre  cuidando que los síntomas no crezcan.
La Fisioterapia tiene mucho que decir en el caso de las contracturas musculares. El tratamiento consistirá en la aplicación de electroterapia analgésica y antiinflamatoria, termoterapia, masoterapia de la zona contracturada y de la adyacente, y estiramientos. Estos buscarán un alargamiento gradual del tejido, que paulatinamente se irá remodelando y se conseguirá el restablecimiento de arco de movimiento articular habitual.
Una vez solucionado el problema hay que intentar que las contracturas no vuelvan a aparecer, controlando aquellos factores que han facilitado su activación o perpetuación, como puede ser el estrés, factores biomecánicos, mala higiene postural, etc.).

Algias vertebrales: Cervicalgias, Dorsalgias, Lumbalgias

En torno al 80% de la población sufrirá dolor de espalda durante su vida. En ocasiones, el dolor de espalda se soluciona por sí solo. Aunque varias investigaciones comprueba que es muy frecuente que se mantenga durante un año o incluso más en algunos casos.

Las vértebras son estructuras óseas unidas entre sí por articulaciones de facetas que, junto con la musculatura que las rodean, permiten mover el tronco en cualquier dirección.

Las causas de las algias vertebrales puede ser diversas.

Entre los huesos de las vértebras se encuentran los discos. Dichos discos de cartílago se van  degenerando y desgastando al envejecer la persona  y pueden provocar dolor.

Traumatismos recientes e incluso ya pasados, como en casos de latigazo cervical, tensan las vértebras, sus discos y los músculos que los sostienen provocando dolor y rigidez, pudiendo resurgir posteriormente como hemos comentado en problemas como el latigazo. 

La rigidez y el dolor, a veces acompañados por espasmos, suele asociarse también a la existencia de una musculatura profunda débil. 

Los malos hábitos posturales repercuten negativamente en el organismo.

Las enfermedades reumáticas y degenerativas, como son la  artritis y artrosis, tienen mucho que decir en estas afecciones.

La irritación de nervios como el ciático provocan dolor más allá del tronco, llegando a las extremidades inferiores.

Como comprobamos existen muchas causas que provocan dolor de espalda. Así que lo primero es saber qué estructuras son responsables y porqué. Una vez establecido esto, podemos crear un plan de tratamiento que abarquen todos los aspectos que están contribuyendo en su dolor. Elaborar un programa de Fisioterapia individualizado y que comprenda el manejo del dolor, la recuperación y el fortalecimiento muscular necesario.

El tratamiento fisioterápico puede consistir: 

  • Masaje y estiramiento con el objeto de  recuperar el equilibrio muscular y atenuar la tensión en las estructuras nerviosas.
  • Empleo de electroterapia descontracturante y analgésica y, en su caso, tonificadora.
  • Ejercicios de estiramiento  y fortalecimiento de la musculatura progresivos que mejoren la alineación corporal.
  • Consejos sobre las posiciones de descanso, adaptación de almohadas y sobre los cambios en el estilo de vida o laboral que pueden ayudar a evitar la  tensión añadida al cuerpo.

Fisioterapia en Madrid

Fisana Fisioterapia Madrid

Ante cualquier patología que se nos presente derivada del estrés o provocadas en nuestro entorno, ya sea familiar, exterior o laboral, debemos recurrir a nuestro médico de referencia para que nos haga un diagnóstico y paute el tratamiento adecuado para curarnos.

En muchas ocasiones, nos derivará a la Fisioterapia para solucionar el problema.

En pleno centro de Madrid encontrará la clínica FISANA. Su equipo, compuesto por Fisioterapeutas con titulación universitaria, cuenta con más de dos décadas de experiencia profesional. El objetivo del centro es alcanzar el bienestar en su estado de salud, mediante la creación de un plan de tratamiento adecuado a sus necesidades concretas, cuyo fin será la recuperación de su patología,  de su movilidad y, en definitiva, de su independencia. Dándole la importancia que tiene a la orientación sobre cómo evitar recaídas y cómo adaptar las actividades cotidianas para conseguir la mejor calidad de vida.

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